jueves, 21 de octubre de 2010

Cuando asesinamos a Paulette



Imposible no tocarlo. Y hacerlo precisamente ahora que el gobierno del Estado de México hizo pública su decisión de reservar por nueve años el contenido de los peritajes hechos por el FBI y otras instituciones en el caso de la muerte de la niña Paulette Gebara Farah. Hacerlo ahora precisamente porque, de todas formas, a nade parecía importarle ya.
El interés mediático en el caso se perdió desde hace mucho, desde que bajó significativamente el rating, ya no representa audiencia y por lo tanto dejó de ser interesante (entiéndase lucrativo) para los medios. Prostituyeron a Paulette después de muerta pero la asesinaron cuando dejó de ser moneda de cambio redituable.
Paulette se convirtió en el elemento redentor de la nota roja nacional, fue el caso que lanzó a la sección policíaca desde la profundidad de los diarios hasta la primera plana.
Nos habíamos vuelto de pronto insensibles a la violencia, el miedo se ocultó tras el velo de la indiferencia y las noticias de ejecuciones, secuestros, decapitados y balaceras se volvieron tan cotidianos que preferimos ignorarlos, borrarlos de nuestra mirada para no tener que enfrentar esa realidad.
Entonces llegó Paulette, con la posibilidad de sacarnos de nuestra penumbra y darnos una historia policiaca digna de seguir, como en las mejores series de televisión, un caso como los que no suceden en nuestro país, sino únicamente en los países del primer mundo, en España, en Austria, Inglaterra o Estados Unidos. Eso es, teníamos una historia que nos colocaba junto a las grandes potencias, a las grandes sociedades, con sus problemas y sus perversiones. ¡Al diablo con las historias tercermundistas! Nada de drogas, ni abuso de menores, ni tráfico de personas, ni balaceras, ni corrupción; no señor, ésos son problemas de Centro y Suramérica, de África o de Medio Oriente. Nosotros somos un país grande con problemas de gente grande, como psicópatas y asesinos en serie ¡Claro que sí!
Pero finalmente el asunto se tornó turbio y aburrido. Nuestras autoridades demostraron que no tienen la capacidad de resolver estos asuntos de gente grande con la presteza que los televidentes esperan de ellos. Mejor se lo hubieran dejado a El Pantera, ése sí se los hubiera resuelto luego luego. Y para acabarla de fregar entró al juego el sospechosismo, que si los compraron, que si son influyentes, que si ya tiene tintes políticos, en fin, otra vez problemas tercermundistas.
Y fue entonces cuando sucedió. Perdimos la sensibilidad, extraviamos la capacidad de conmovernos, nos olvidamos de reclamar justicia, “No, así no tiene chiste, mejor cámbiale de canal”. Fue entonces cuando asesinamos a Paulette… y todo para nada.

1 comentario:

  1. O sea que la falta de inteligencia para manejar la informacion fue el problema. Primero el sensacionalismo fue grande y despues, se les acabo la imaginacion, y todo se volvio exagerado, mal actuado y aburrido: como las novelas, las peliculas de accion y los programas de television. Una llamarada de petate, y otra oportunidad malgastada.
    Pero al igual que con la seleccion nacional, " pa' la otra si la hacemos!"

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